jueves, 21 de enero de 2010

El zombie que vendía helados


Es un mundo duro, pensó el zombie, con la mirada perdida en la nada. Era un día extrañamente agradable, estaba soleado y hacía ese aire refrescante que a todos nos fascina. Pero esto no parecia alegrar al zombie ni siquiera un poco.
Era la imagen de la total antipatía, sentado ahí, en una de las jardineras del parque con su carrito de helados enfrente y vistiendo un delantal y sombrero blancos que lo hacian verse un poco menos podrido.
Eran ya más de las tres de la tarde y aun nadie se habia acercado a comprar ni una nieve de limón, de las de a dos por cinco pesos. Si tan solo me gustara el heladó, pensó, podría comer alguno. Casí inconcientemente se rascó la cabeza, gesto que, sumado a su expresión facial lo hacían parecer uno de esos dibujos animados que pasan los sabados por la mañana.
Pasaron dos mocosos jugando carreritas.
¿Qué dia es? Se preguntó el zombie en un esfuerzo por entablar una plática consigo mismo, para auyentar esa soledad que a veces lo acosaba. Lunes. Lunes, recuerdo que cuando estaba vivo odiaba los lunes.¿Por qué? Trató en vano de recordarlo.
¿Qué dia morí?
Esta pregunta, a diferencia de la anterior, detuvo por unos instantes su respiración e hizo que su mirada se tornara profunda, como si se concentrara en un punto en el espacio.
¿Cómo fue?¿Había sido doloroso?¿Había sido rápido?¿Alquién lo había extrañado?
Cada preguntas surgía sin esperar a que la anterior fuera respondida.Pero no fue como la pregunta de los lunes. Esta vez, recordó todo. Respondiendo a todas y cada una de las preguntas que se habían encolado en su cabeza. El mundo a su alrededor se esfumó mientras invocaba pasajes de su memoria.
Lo que disfrutó, lo que amó, lo que odió, lo que quizo y nunca pudo conseguir. Toda su vida pasó por su alma una vez más; creando y abriendo heridas que olvidó, existian.
El mundo se materializó de nuevo, pero el zombie apenas se percató de ello.
Impulsivamente llevó sus manos a su cara para llorar; igual que cuando estaba vivo. Pero ya no estás vivo, se dijo, frase con la cual solo logró procurarse mas dolor.
Ese dia no vendió una sola nieve.
Al dia siguiente llamó a su antigua compañía. Necesito mi antiguo empleo, necesito algo que ocupe todo mi tiempo, algo que evite que piense en pendejadas.