miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tiempo

Pasó otro minuto, y eso la entristeció "¿Cuantos minutos he dejado ir sin decirles que los quiero?" se dijo. Miró hacía atrás y vio un mar de minutos muertos. Instintivamente, echó a correr en dirección opuesta, pues no soportaba la peste que emanaban los cuerpos sin vida de esos minutos, horas y días que yacían en el suelo. Pero su huida no evitaba que los minutos siguieran muriendo. Uno tras otro los minutos seguían quitándose la vida de formas horrendas y sin decir palabra alguna. "¿Por que lo hacen?" creyó gritar, pero su respiración agitada sólo le permitió pronunciar algunas sílabas. Agotada de tanto correr, se detuvo para tomar aire cayendo en sus rodillas desnudas. Cerró los ojos en un intento inútil de detener la masacre o por lo menos convencerse a sí misma de que todo estaba bien. Al abrir los ojos, se percató de que los segundos empezaban a morir. Perdían la vida tan pronto llegaban al mundo. Esta vez se desplomó en el césped. Cuando despertó, los fantasmas del tiempo habían robado el color negro de su cabello.