jueves, 13 de septiembre de 2012

Apple demanda a Dios por usar su manzana.

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    EUA.- Tras la victoria contra Samsung, Apple lanza una nueva demanda contra el magnate dueño del monopolio de iglesias en nuestro país: Dios.

    Abogados de el ya no tan famoso ex-CEO de Apple, Steve Jobs, alegan tener pruebas que, aseguran, demuestran que Dios se basó en el logo de Apple para crear la fruta que eventualmente usaría para desterrar a la raza humana del jardín del Edén. "Estas pruebas" aseguran los abogados "fueron entregadas a nosotros por el mismo Steve Jobs quien se había infiltrado meses antes en los cuarteles generales de Dios al ser contratado por éste para rediseñar las nubes".

    Aseguran expertos en la materia que, de proceder la demanda, Apple podría reabrir indefinidos casos por patentes como el rectángulo (Usado por su producto estrella: El IPhone), los dedos y el sonido entre otros conceptos.

    La eventual derrota de Dios asentaría un presedente para miles de demandas por parte de otros cuerpos civiles que ya han dejado entrever intenciones de demandar al creador del universo como lo fueran: Los Chicago Bulls, el padre Amaro y el nieto del santo entre otros.

    Tim Cook, actual CEO de Apple, dejó implícito en un comunicado el día de ayer (30 de Agosto del 2012) que, de ganar la demanda, Apple podría reclamar las tierras conocidas como "Lomas del Edén" (actualmente propiedad de Jesús de Nazaret) pues éstas pertenecen al verdadero dueño de la manzana usada en el caso "Dios contra Adán y Eva".

lunes, 3 de septiembre de 2012

Recuerda

    Despiertas. Estás en el cuerpo de alguien más. Tienes un teléfono móvil en la mano en el que parece que acabas de apretar 'colgar'. "¿Quién me llamó?", "¿A quién llamé?" Son preguntas que te haces. Revisas el registro de llamadas y guardas el número como 'asd', que creativo. Según el registro, fuiste tú el que recibió la llamada.
    Es un agradable parque en el que te encuentras, pero no reconoces el lugar. Una hermosa mujer se acerca a ti con dos vasos desechables. Supones que es soda. La cara de la mujer te parece familiar pero ciertamente no la conoces. Te da uno de sus vasos y se sienta a lado tuyo. "Buena compañía, bebida gratis", no vas a quejarte ¿cierto?. Ella te sonríe y sorbe un poco de su bebida. Haces lo mismo, quizá por imitación. "Naranja", tu favorito, ¿cierto? Se acerca a ti para que pases un brazo sobre su espalda. Abrázala mientras puedas, antes de que averigüe que no eres quien ella cree. Anda, bebe un poco más de soda.
    "¿Recuerdas cuando nos conocimos?" Te pregunta.
    "Como si hubiera sido ayer" Fue hace un minuto. Eso no demuestra precisamente que tengas una buena memoria.
    "Este mismo parque, esta misma banca." Así es, así sucedió... hace un minuto "Leías un periódico y yo un libro.".
    Bebes más soda, así no esperará que digas algo.
    Ella continúa "Imagina que te hubieras sentado en otro lugar, que hubieras caminado hacia otro lado".
    "Jamás nos habríamos conocido." ¡Hey! ¿Participación activa en esta conversación? ¡Bien por ti!. Te has ganado... ¡más soda!.
    Ella sigue viendo hacia el infinito. Revisas tu mano izquierda ¡Bien! No estás casado, así hay menos cosas que tienes que fingir saber.
    "¿No te parece horrible?" Te pregunta.
    "¿El qué?".
    "Que la vida sea así. Que puedas perderte cosas tan importantes por decisiones tan minúsculas como sentarte en otra banca".
    ¡Sorprendente! Ese mismo tema ha ocupado tu mente por años "los universos creados por tus decisiones". ¿Cómo pudo ella saberlo? No, no lo sabe; fue una  coincidencia. Sientes como los recuerdos empiezan a inundar tu cabeza como si se cayera el corcho que obstruía tus memorias.
    Y de pronto lo recuerdas todo.
    Suena tu teléfono. Asd te llama.
    Te levantas de la banca. 'Perdón mujer desconocida, alguien me habla' Anda, dícelo.
    El viejo Asd, tratando de recuperar la vida que le acabas de quitar. ¿Cree que contestarás? Tal vez aun ni se ha dado cuenta que lo has enviado a otro universo, a 'tu universo'. Espera, ahora éste es 'tu universo'. Un universo en el que decidiste sentarte en otra banca, en el que no descubriste por accidente como transportar tu conciencia a otros universos con tu teléfono.
    Apagas el teléfono. Hasta la próxima vez que tengas que saltar a otro universo.