Las manecillas del reloj marcaban cinco minutos para las tres, mi espalda estaba fría y mis párpados cansados. En el piso de la cocina se arrastraba temblorosa la sombra del cedro del patio como sacudiéndose la llovizna de hacía unas horas.
Estiré los dedos para luego volver a aferrarlos a la escopeta, primero los de la mano derecha, luego los de la izquierda. Eché mi cabeza hacia atrás para estirar el cuello cuando lo oí: Un jarrón rompiéndose detrás de la puerta que daba al pasillo central. Era mi oportunidad de cambiar de esquina para tener un mejor ángulo de tiro. Ya podía descartar la puerta del patio delantero y la ventana que daba al trasero; no entraría por ahí.
Me arrastré penosamente al otro rincón de la cocina pues, aunque no sentía dolor por las múltiples incisiones en mi pierna derecha, el efecto de la anestesia, aún presente, me hizo tropezar cuando intenté levantarme del piso. Un rastro rojo marcaba mi recorrido, la sangre se había permeado en el nudo que detenía la hemorragia en mi pierna.
Escuché la duela del pasillo rechinar justo antes de ver el pomo de la puerta girar. Fue entonces que disparé. El pomo se detuvo pero no escuché el cuerpo caer; en vez de eso, el lento martilleo de lo que parecía ser un revólver. Volví a disparar, esta vez a la parte inferior de la puerta.
—¡Aaagh! ¡Maldita, maldita sea! — se oyó al otro lado de la puerta.
Tres disparos atravesaron la puerta regando astillas de caoba por el piso. Los dos primeros alcanzando la puerta detrás mío y el tercero aterrizando en mi pierna anestesiada. Casi pareció una victoria. Varios chasquidos vacíos siguieron a las tres detonaciones mencionadas. Se había acabado sus municiones.
—¡Maldita sea!
Disparé una tercera vez con la esperanza de alcanzarlo pero, una vez disipado el ruido de mi escopeta, los pasos se oían ya lejanos. Seguramente iría por más municiones. Si podía seguir caminando significaba que mi segundo disparo no le causó mucho daño.
—I’m the best... around! − Lo oí cantar antes de salir de la cocina por la puerta que daba al patio delantero.
Hora de alcanzar mi auto.