-...los humanos son así - Concluyó, a la vez que arrojaba más leña a la hoguera.
Sentí que debía decir algo, pero las palabras simplemente no se acomodaban para formar frase alguna. Miró la forma nerviosa en la que movía mis manos y con una pequeña sonrisa siguió:
-Se enamoran, lloran, ríen y odian. Todo porque no pueden ver más allá del momento, olvidan lo que han vivido y no pueden ver hacia el futuro. Corren en círculos y ni siquiera se dan cuenta...
-Pero eso es lo que nos hace perfectos - dije casi espontáneamente; el me miró con calma, interesado en mis palabras - gracias a eso creamos mundos fantásticos, inalcanzables incluso para nosotros mismos. Amamos los sueños y lloramos la realidad. Sufrimos lo efímero y gozamos lo eterno.
Bajé mi mirada, pues no estaba seguro de que le gustara lo que dije. Hubo un corto silencio.
-¿Sabes? Esa era la razón del hombre: saltar y morir. Pero antes de morir, volver a nacer - volteé para ver sus ojos, pero el ya no me miraba, miraba las estrellas. - La vida de un hombre no es mas grande que un punto en el espacio... y ciertamente no es tan importante. Pero su espíritu es el que cuenta, el que traspasa a su hijo, al nuevo hombre. Al pasar su espíritu, llegaría el día en el que un hombre daría el salto final, en el que me igualaría y sería perfecto. "La creación supera al creador".
Saltar y morir, pero antes, nacer. Continuó:
-Pero no fue así, millones de años y hombres pasaron por aquí y no hicieron mas que perecer sin haber saltado. Pocos fueron los que retaron al destino, que desafiaron a la muerte. Y ¿para que? Para que su semilla cayera en suelo infértil, para que perdiera fuerza y no la ganara, para admitir la derrota y perecer en el polvo.
A pesar de lo duro de sus palabras, no parecía triste o enojado. Ya se había hecho a la idea de que la humanidad no importaba más, de que era un experimento fallido y entre más pronto lo aceptara mas pronto podría continuar.
-Entonces ¿Por que nos has reunido? - No podía evitar hablar, era como si él tomara las palabras de mi mente - ¿No sería más fácil "borrarnos" y volver a empezar?
Me arrepentí en seguida de lo que dije, había sido como dar el brazo a torcer. Condenar a la humanidad al olvido. Ahora que todos los hombres eramos uno, no sólo eramos más sabios sino también más estúpidos. El pecado original nos perseguía y había engendrado al error final.
Él se acercó lentamente sin decir palabra y tocó mi frente.
1 comentario:
"Todo se volvió confuso y borroso.
Abrí los ojos.
Una mujer estaba de pie frente a mí. Ella me ofrecía una manzana roja. Extendí mi mano para tomarla.
No sé porqué, pero creo que no debo aceptarla"
Güeldon Lalo. Buen cuento reflexivo!
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