“Me gustan los nombres cuyo nickname tiene sólo dos sílabas y suenan como ‘a-i’: Faby, Gaby, Paty” era la tercer vez en los dos meses que llevábamos de novios que Gabriela me pedía que le dijera algo que me gustaba de ella “y ‘Gaby’, en especial, suena más dulce”.
“¿Más dulce?”.
“Más suave. No sé. Como que se desliza entre tus labios cuando lo pronuncias. Ga-by”.
“Ga-by” sus labios formaron las sílabas pero no salió sonido de ellos.
Debió gustarle lo que dije pues se levantó de mi regazo para besarme. Deberíamos dejar de rentar películas si nunca las terminamos de ver.
¿Han oído eso de que algo no existe hasta que lo ves? Pues Gabriela no existía hasta hace un año. Sebastian — ‘Sebas’ for short — fue quién me la hiciera notar.
“Chécate esa chava. No, no voltees. No seas tan obvio.” Maldita sea, pues dime que no voltee desde el principio. Debí decírselo.
Sebastían era de esas personas que te dan su ayuda a cuentagotas; que te ayudan lo suficiente para que falles por poco y vuelvas rogando por más ayuda, que te dicen que no voltees cuando ya te hicieron voltear.
“Está bien guapa ¿no?”.
“¿Quién?”.
“Gabriela, ¿Pues de quién más estaría hablando?”.
Supimos su nombre en la clase de biología, en esa primera clase que se desperdicia haciendo que los alumnos se presenten y digan que hicieron en sus vacaciones. Claro que sabía que hablaba de ella, llevaba quince minutos haciéndolo; pero no le daría la satisfacción de demostrar que le estaba poniendo atención. Sebas fue su primer novio, yo soy el segundo.
“¿Y no sientes raro de ser el número dos?”
“Ese es mi número de la suerte; es par y primo a la vez” Juan siempre intenta hacerme sentir incómodo con sus preguntas. De vez en cuando le hago creer que lo logra así como de vez en cuando lo dejo ganar en Shinobido Blade para que me vuelva a invitar a su casa a jugar ‘Play’.
Julia, la chava de quien creo estar enamorándome, hace lo contrario a Juan: siempre intenta hacerme sentir mejor. Como aquella vez en química:
“¿Nueve punto cinco? Tú sí le entiendes a eso del balanceo de ecuaciones, ¿No?”.
“Pues es muy parecido a mate. A tí te va bien en mate. Un día podemos estudiar en la biblio si quieres; yo te enseño química y tú me enseñas mate”.
Ojalá Gaby se ofreciera a enseñarme algo; aunque sea a bailar, que parece ser lo único en lo que le va bien. ‘Sobresaliente’ tiene en todos parciales en que ha estado en el taller de danza y ese es el único taller al que se ha inscrito.
Sebas se metió este semestre a danza también, al parecer ya no le gusta el fut tanto como el semestre pasado que nos presumía sus tachos de ‘Total 90’.
“Pues es que tienes unos Total 90” le dije después de que logró hacer 30 dominadas.
“Como si la habilidad estuviera en los zapatos”.
“Entonces ¿para que los compraste?”.
Ahí todavía éramos amigos, o tal vez no; sólo estuve seguro de que ya no lo éramos cuando no me invitó a su fiesta de cumpleaños. Deliberadamente se dirigió hacía a mi en el receso y, como recordando algo, cambió de rumbo. Estoy casi seguro de haberlo oído balbucear algo como ‘Ah, sólo amigos’. O tal vez sólo estoy siendo paranoico.
“Sebas quiere que regrese con él”.
“¿A si?” dije y casi se me salen unas gotas del congelado que me estaba comiendo.
“Sí, creo que sólo se metió a danza para estar más cerca de mi”.
Yo me debería meter a guitarra para estar más cerca de Julia. De hecho, ahorita estaría ahí en el salón 6020 en vez de con Gaby quien parecía tratar de darme celos. Aunque no estaría comiendome éste congelado; o ¿quién sabe? dicen que el profe de guitarra es bien barco.
No sé cómo demonios lo logró, pero Gaby nos metió a Sebas y a mi en una pelea por su amor — Igual, tal vez sólo estoy siendo paranoico.
“¿Pues qué?” no me digas que esto va a ser una de esas peleas de ‘pues qué de qué o qué’.
“¿De qué?” intenté de no reirme con todas mis fuerzas.
Obviamente perdí, no tenía idea de que es estar en una pelea. Lo bueno es que me tumbó con un madrazo y no fue de esas peleas greco-romanas en la que terminan haciéndose calzón chino mutuamente y aterrizan en los arbustos.
Ahora estoy afuera de la oficina de la rectora con Sebas enfrente de mi exagerando su respiración como toro a punto de embestir. Yo, con un bisteck frío en mi ojo izquierdo, sólo atiné a decir algo más antes de que nos pasaran con la rectora:
“Pero me la pelas en Shinobido Blade”.
Ahora, él nunca lo admitirá pero estoy seguro de que le rodaron unas cuantas lágrimas antes de soltarse a reír.
Sebastian confesó que había sido todo su culpa y convenció a la rectora de que no me tocara castigo. Él fue suspendido una semana.
Me pidió como mil disculpas de camino a su casa y hasta me invitó un congelado que me puse en el ojo hinchado antes de comer. No se como funcione el protocolo pero después de la pelea, Gaby no terminó siendo novia ni mía ni de Sebas.
Sebas también me prometió que no volvería a pasar. Luego les cuento cuando nos peleamos por Julia.
“Y ¿no sientes raro de ser amigo del ex de tu ex?”.
“Sí”.
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