
Maldita sea esta época del año, parece que el sol ha aumentado de talla. La piel de la gente a mi alrededor se contrae para liberar por los poros, cantidades inmensurables de agua. Mis pulmones se ajetrean, no saben si respirar mas lento o mas rápido. Mi mano, ahogada en su propia agua, hurga en la bolsa de mi pantalón, no encuentra lo que busca. Me levanto de la silla y doy unos pasos. Mi garganta, irritada, da un trago vacío. ¿Por qué me levante? Será mejor que me vuelva a sentar. Sentado y con los brazos cruzados. Todo se empieza ver borroso, mis párpados deciden que cerrarán temprano hoy. Antes de que la luz se extinga, una neurona se ha percatado de un pequeño brillo en la lejanía. ¡Es de vital importancia que lo informe a la unidad de mando central!. Los archivos dicen que existe la posibilidad de que sea lo que el grupo de rescate buscaba hace rato en la bolsa del pantalón. Se manda la petición para que se inyecte una dosis de adrenalina directo en el torrente sanguíneo; la petición es aceptada de inmediato. Me levanto de la silla una vez mas, ahora tengo un objetivo. Debo actuar cautelosamente, alguien mas pudo haberse dado cuenta. Rápido, el sueño regresará en corto. Mis ojos piden una conexión a los de los otros, no obtienen respuesta. No hay moros en la costa, hora de que el sistema motriz empieza a funcionar, avanzo hacia el punto descrito en el GPS. Ojos, disimulen, no queremos que el enemigo descubra nuestro objetivo. La tensión aumenta conforme me acerco al lugar en el que descansa el objetivo. Me encuentro a una distancia prudente para actuar, hora de ejecutar el plan. ¡Plan no encontrado! La petición para una excusa para agacharse nunca fue sellada. ¡Saquen del sobre el plan B! Este dice "tira una pluma y recógela junto con lo encontrado". Solo traigo un lápiz, espero que funcione. Ejecutando plan y... ¡eureka, una moneda de 10 pesos!. Donde quiera que estés, amigo anónimo, quiero que sepas que tu regalo será utilizado sabiamente. Me compraré una coca.
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