martes, 11 de octubre de 2011

Tus cabellos de oro, Julianita

El ritmo cardiaco de José apenas había disminuido cuando el cobrador salió por la puerta. “¿Sé habrá dado cuenta?” se preguntó “¿Me mandará matar?”.
Ocultar a un enemigo del partido era peligroso y José lo sabía; pero la mirada de Juliana era más que suficiente para que José hiciera cualquier cosa y más si eso implicaba que Juliana se quedase en casa de José.
Juliana salió de debajo del mostrador con las palmas de las manos y las rodillas de su vestido llenas del polvo que se había acumulado debajo del mostrador a lo largo de los diez años que ese mostrador llevaba en la carnicería. El polvo le recordó a José la muerte de su compadre Miguel, a quien los cobradores habían matado en el desierto por una supuesta deuda de juego; historia que más tarde se convirtió, con la ayuda de la población de San Miguel de Tucumán, en la venganza de Don Rafael, líder de los cobradores, por haber dormido con la esposa de éste último.
— ¿Cómo voy a pagarle, Don José? — dijo Juliana en voz baja viendo de reojo la puerta entrecerrada de la carnicería.
— ¿Cómo cree, Julianita? Yo por usted me cae que hago lo que sea — dijo José, detenido por una flema que le recordó el nudo en la garganta que se le había formado cuando estaba el cobrador ahí apenas unos minutos antes. José carraspeó.
— Ay Don José, me cae que usted se va a ir al cielo.
— Esperemos que no muy pronto — dijo sin poder evitar ver de reojo los pechos de Juliana que también se habían manchado por el polvo de la carnicería — Mejor váyase a esconder al molino pero no haga ni un ruidito que ahorita andan en inspección.
Juliana era ni más ni menos que la hija de Don Rafael, condenada a morir en la horca por el cargo de prostitución. Juliana era virgen pero su padre la había descubierto en su cuarto con su ahora difunto ex novio Francisco a quien fusilaron bajo el cargo de violación.
“Y tú sigues, cabrona” fue lo último que Don Rafael había dicho a su hija antes de que ésta escapara por la ventana de su cuarto mientras sacaban a rastras a Francisco a quien habían golpeado brutalmente enfrente de Juliana.
“Y sigo yo, cabrón” pensó José mientras aplastaba los bisteces de Doña Martha.
— Ya se pusieron bien perros, ¿verdad? — inquirió Doña Martha.
— Si oiga — dijo José después de un momento como sacado de un trance — con decirle que ahora hasta me quieren cobrar impuestos por estos zapatos que ni compré; se los quité al cadáver de mi compadre Miguel que en paz descanse.
— ¡Dios mio! — dijo Doña Martha a la vez que se persignaba — Dios lo tenga en su santa gloria.
— Y pa’lla vamos todos — respondió José cubriendo con papel estraza los bisteces de Doña Martha.
— ¡Ni Dios lo quiera!. No lo diga ni de broma Don José; que esto es muy serio.
“Dios esto, Dios lo otro” pensaba José mientras veía la luna por la ventana de su cuarto acosado por el insomnio que había desarrollado el último año “Si Dios existiera mataría a estos pendejos para que dejaran de chingar a la buena gente de este pueblo”.
— Pinche pueblo olvidado por Dios — dijo José en voz baja casi inconscientemente.
“Si van a matarme, antes me cojo a Julianita” pensó quitándose de encima las cobijas mil veces remendadas que adornaban su catre desde hacía ya más de quince años. José bajó por las escaleras que daban al molino y la sinfonía de rechinidos de los escalones despertó a Juliana.
— ¿Quién anda ahí? — dijo Juliana, y José pudo distinguir algo de miedo en su voz.
— Soy yo; Don José. No se espante Julianita.
Juliana se incorporó en su catre tapándose el pecho con una de las cobijas que la mantenían alejada del frío de agosto. José se sentó a su lado.
— ¿Recuerda que ayer me preguntó que como podría pagarme lo de esconderla aquí? — Juliana asintió en silencio — ps ya se me ocurrió una forma — terminó diciendo a la vez que juntaba sus labios con los de ella.
— ¿Cómo cree, Don José? — dijo Juliana apartándolo con la mano que no sostenía la cobija — Esto no está bien.
— Ándele Julianita, ¿Qué no ve que me va a cargar la chingada y no me quiero quedar con las ganas?
Discurso más convincente no se ha visto jamás. Juliana le devolvió el beso y soltó la cobija que hasta el momento había sostenido tan firmemente para tener manos suficientes para acariciar la cara de José. Quizá Juliana pensaba igual que José; o quizá tuvo miedo de que José la entregara al partido si no accedía; quizá sentía una mezcla de ambas situaciones. De cualquier forma, José consiguió su acometido.
— ¿Y esa sonrisa a que se debe, Don José?
— Ya ve Doña Martha, lo que hace un buen sueñito.
Y esa sonrisa le duró hasta el último momento; hasta que la primer bala atravesó su garganta. Incluso después de que su cuerpo golpeó con el suelo, podría pensarse que José recordaba algo gracioso.
Ni el mejor de los cobradores había sido tan eficaz para encontrar a los enemigos del partido como lo había sido Doña Martha cuyos chismes habían sido la razón y evidencia de varias ejecuciones en San Miguel de Tucumán.
En el acta de defunción de José se lee “Nombre: José Hernández. Crimen: perversión de menores. Últimas palabras: Pinche Martha chismosa, deja que se enteren de lo tuyo y Don Rafael”.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Lento (sonetillo)


Lento

Río, estoy muy contento
grito, pues quiero contarlo
y aunque trato de evitarlo
en carcajadas reviento

Luego el tiempo corre lento
nadie parece notarlo
siento que puedo cortarlo
pues hasta hago el intento

espero aun me quede plata
para comprar unos tacos
porque el hambre me mata

Ahora el pulso esta bajo
siento que el aire me falta
respirar cuesta trabajo  

La misión (sonetillo)


La misión

Es una triste canción
la que relata mi historia
ya que no habla de gloria
pero si de una traición

les juro no tuve opción
no descubrí escapatoria
y terminar con la escoria
seguro fue mi misión

ahora soy prisionero
de demonios en la tierra
que se hacen llamar “el clero”

espero empiece la guerra
del cielo contra el infierno
y me libren de esta pena  

El pozo (sonetillo)


El pozo

“Sal del pozo en que estás”
me repetía ella en un sueño
y aunque intenté con empeño
no logré salir jamás

luego un ave rapaz
aterrizaba en un leño
trinaba frunciendo el ceño
para no dejarme en paz

no sé cuanto tiempo queda
para que el agua me cubra
y respirar ya no pueda

me hundo en una penumbra
y mientras ella me ruega
que su mensaje descubra

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jueves, 25 de agosto de 2011

¿A donde fui a parar?

Mi sudor parece esa cosa que escurre de las llantas de las naves espaciales. Fui a ver a un doctor para que me extirpara las anginas. ¿Qué sucede cuando esta transpiración cubre todo mi cuerpo? Le pregunté. Lo más probable es que experimentes el sueño de 8 bits, me respondió. Un sueño en el que nunca puedes pasar el primer nivel.
El doctor me dio las anginas en un frasco. Las decoré y las puse a cocer. Las preparé en un pie de queso y se lo regalé a mi esposa difunta. Ella lo comió y volvió a la vida.
Mi esposa, ahora con un nuevo corazón. Me contó que en vida había sido infiel. No puedo mentirles, eso me partió un riñón. Fui con el brujo para que me curara del mal de amor.
El brujo me recomendó que fuera presidente. Que gobernara con mano de hierro y acabara con las piedras.
Las piedras son un pedo muy cabrón, dije en mi discurso de aceptación a la presidencia mundial. Como imaginarás, me llovieron las prostitutas que querían desposarse conmigo. Entre ellas estaba mi ahora ex-esposa disfrazada de avión.
Seleccioné veinte de ellas para que complacieran todos mis deseos. A mi ex-esposa la usaba para viajes en al fondo del mar.
En el fondo del mar encontré un anillo que había pertenecido al primer rey de España. Se lo devolví y fuimos grandes amigos.
Como todos los amigos, nos peleamos y terminé asesinándolo con su propio anillo. Sólo coloqué el anillo al rededor de su cuello y presioné con fuerza hasta que la tapa se botó.
La tapa de sus sesos valía cerca de tres millones de pepinos marinos en el mercado café. La vendí y pude pagar un viaje al pasado.
En el pasado todo era diferente. La gente tenía hambre y moría. Tenían guerras y se mataban entre sí. Se sentían miserables y buscaban la aprobación de los demás. Mentían y robaban.
Que pasado tan mierda.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Implosión

No supo explicarlo, pero su tristeza le ocasionó una gran sonrisa.
Tal vez, el ver su vida hecha añicos le libró del peso que supone tener metas y esperanzas.
"¿Qué hizo?" preguntarán, pero la verdad es que ni él creyó que reaccionaría así.
Una traición así le volvería loco de ira o, al menos, eso suponía. Su paranoia ya le había traído ese escenario a la cabeza una y otra vez "Me volveré loco y mataré a todos" Era lo que solía pensar cuando sus divagaciones nocturnas lo llevaban demasiado lejos.
Pero no fue así. No fue capaz de matar a nadie. Los veía a los ojos, a ella, a él, a ellos y a ustedes. Una sonrisa muy cordial era la que adornaba su cara mientras sus esperanzas caían de la mesa como llevadas por el viento.
"¿Tenía caso recoger aquellas esperanzas y metas del piso sucio en el que tan suavemente habían aterrizado?" Si se hubiese hecho esa pregunta tal vez hubiera respondido que si, que lo tenía, que el mundo no había acabado y recordaría que el mañana es el mejor amigo en esas ocasiones en el que tus iguales te dan la espalda.
Una lástima que no fuese así, que no se preguntara por el mañana y no tuviera la disposición de verse en un futuro mejor. Una lástima que esa fuerza de despecho lo haya hecho pasar a la historia como un loco suicida en vez de el gran hombre que el mundo esperaba que fuera.
Estúpido y mil veces estúpido. ¿Mereces estar vivo? Claro que no. Te has despedido del mundo de la manera más infame posible.
No esperes una lágrima mía.
Y si de casualidad me topo contigo en la otra vida contendré las ganas de escupirte en la cara.

sábado, 2 de julio de 2011

La orden


I

    Él deseó que todo cuanto lo oyese lo obedeciera. Y así fue. No se sabe como pero, él era capaz de hacer que las personas hicieran su voluntad.
    Bastaba con una simple sugerencia para que su interlocutor deseara con vehemencia volver realidad sus deseos. Dinero, sexo, autos, tierras; todo cuanto desease era suyo con el simple hecho de pedirlo.
    "¿Cuánto tiempo pasó antes de que se diera cuenta de el verdadero potencial que tiene el hecho de, prácticamente, obligar a quien sea a hacer lo que sea?" Ni él mismo habría podido dar respuesta a esta interrogante. "A quien sea" y "Lo que sea" Son dos grandes subconjuntos en el universo llamado "humanidad".
    Cualquier deseo, por imposible que pareciese, se volvía realidad tarde o temprano; tal vez no hoy o mañana pero algún día.
    Fue entonces que todo los conceptos empezaron a perder el significado que le había otorgado su propia experiencia: El dinero ya no era un fin, ni siquiera un medio; el poder ya no era una aspiración, era un juguete viejo; la humanidad ya no era una especie capaz de crecer y crear, era un gran ganado errante que se extendía por la faz de la tierra.
    "¿Estoy obrando mal?", "¿He condenado a la humanidad a dar tumbos sin sentido por la eternidad?", "¿Debo devolver a las personas el regalo del libre albedrío?" Eran las preguntas que él se hacía más frecuentemente estando encerrado en su gran mansión viendo a sus leales sirvientes hacer su voluntad. Estas preguntas se multiplicaban a diario y engendraban una culpabilidad que no sería fácil de mantener en hombros por mucho tiempo.
    Fue un día, quizá un martes (los nombres de los días habían perdido significado también), que a él se le ocurriera, viéndose al espejo, darse una orden a sí mismo: "Nunca te sientas culpable por el poder que ahora posees". Repitiose esta orden frente al espejo varias veces y con diferentes palabras, pero con el mismo mensaje subyacente: Seguir reinando el mundo de los humanos sin pensar en si era lo correcto o no.
    Probablemente, esta historia hubiese terminado aquí de no ser por la astucia de nuestro personaje principal y la gran idea que esta astucia engendró aquel probable martes en la mañana.

martes, 19 de abril de 2011

to my many selves

1: sorry for being late
2: it's ok, do not worry. are you ready then¿
1: hope so. i'm kinda nervous though
2: nothing to worry about, everyone dies sooner or later anyway. it's a... natural thing
1: yeah... i guess u r rite
2: of course i am. i'm you!. nothing i'm saying makes sense if u don't want to
1: yeah, that's what i'm afraid of. have u seen this youtube video...
2: just pull the trigger man, i'm... i'm not in the mood for youtube videos
1: kk... it's just that... i guess... i don't wanna die after all
2: uhm... too bad... i guess there's nothing i can do to change ur mind
1: ...
2: gimme the gun
1: wahhht? what for?
2: just gimme the gun
1: no, what u need it for?
2: i kinda... going to... kill myself... and stuff
1: i guess there's nothin...
(the second guy shoots the first one in the head)
2: i told ya i was u. i've got the gun from the beginning
3: u know it makes no sense. don't you?
2: shut up or i'll make you shut up!1!
3: dude, we are totally scre..
(the second guy shoots again)
4: before you shoot me... see... u r runnin' outta bullets
2: ...
4: and when that happens some "eighth" crazy bastard u cannot get rid of is gonna spawn right here
2: i guess u r right
4: of course i am...
(the fourth guy kills the second one)
4: my god, that guy was nuts
5: nuts as a soup sandwich

jueves, 24 de marzo de 2011

Charla

    -...los humanos son así - Concluyó, a la vez que arrojaba más leña a la hoguera.
    Sentí que debía decir algo, pero las palabras simplemente no se acomodaban para formar frase alguna. Miró la forma nerviosa en la que movía mis manos y con una pequeña sonrisa siguió:
    -Se enamoran, lloran, ríen y odian. Todo porque no pueden ver más allá del momento, olvidan lo que han vivido y no pueden ver hacia el futuro. Corren en círculos y ni siquiera se dan cuenta...
    -Pero eso es lo que nos hace perfectos - dije casi espontáneamente; el me miró con calma, interesado en mis palabras - gracias a eso creamos mundos fantásticos, inalcanzables incluso para nosotros mismos. Amamos los sueños y lloramos la realidad. Sufrimos lo efímero y gozamos lo eterno.
    Bajé mi mirada, pues no estaba seguro de que le gustara lo que dije. Hubo un corto silencio.
    -¿Sabes? Esa era la razón del hombre: saltar y morir. Pero antes de morir, volver a nacer - volteé para ver sus ojos, pero el ya no me miraba, miraba las estrellas. - La vida de un hombre no es mas grande que un punto en el espacio... y ciertamente no es tan importante. Pero su espíritu es el que cuenta, el que traspasa a su hijo, al nuevo hombre. Al pasar su espíritu, llegaría el día en el que un hombre daría el salto final, en el que me igualaría y sería perfecto. "La creación supera al creador".
    Saltar y morir, pero antes, nacer. Continuó:
    -Pero no fue así, millones de años y hombres pasaron por aquí y no hicieron mas que perecer sin haber saltado. Pocos fueron los que retaron al destino, que desafiaron a la muerte. Y ¿para que? Para que su semilla cayera en suelo infértil, para que perdiera fuerza y no la ganara, para admitir la derrota y perecer en el polvo.
    A pesar de lo duro de sus palabras, no parecía triste o enojado. Ya se había hecho a la idea de que la humanidad no importaba más, de que era un experimento fallido y entre más pronto lo aceptara mas pronto podría continuar.
    -Entonces ¿Por que nos has reunido? - No podía evitar hablar, era como si él tomara las palabras de mi mente - ¿No sería más fácil "borrarnos" y volver a empezar?
    Me arrepentí en seguida de lo que dije, había sido como dar el brazo a torcer. Condenar a la humanidad al olvido. Ahora que todos los hombres eramos uno, no sólo eramos más sabios sino también más estúpidos. El pecado original nos perseguía y había engendrado al error final.
    Él se acercó lentamente sin decir palabra y tocó mi frente.

jueves, 10 de febrero de 2011

Viaje

    -Suena raro - me sigió diciendo - pero es verdad.
   Iba en tren hacía mi pueblo natal; un avión hubiera sido más rápido pero, con los recientes ataques terroristas, mi esposa me convenció de tomar un tren. "Los terroristas son los únicos mamíferos que le temén a los trenes" recordé haber visto en las noticias.
    Como compañero me había tocado un anciano que contaba con un pequeño dispositivo del futuro. ¿Que como sé que era del futuro? Tenía luces azules y hacía ruidos como la computadora del santo. Tenía que serlo.
    Tomé el dispositivo en mis manos y de pronto me encontré de nuevo en mi cama, el despertador aún no sonaba pero faltaban escasos cinco minutos para que lo hiciera, por lo que decidí levantarme de una vez.
    Tenía que ir a la ciudad, mi empresa anunciaba que pronto alcanzarían los 10 millones de usuarios y no podía perderme la fiesta de celebración.
    Le hice la parada a un taxi y me subí en el aciento del copiloto. Una vez arriba, me dí cuenta de que era yo conduciendo mi auto. Un viejo grand marquis con el que, dos años mas tarde, se mataría el nuevo dueño.
    Estaba llegando al departamento de mi novia, iríamos a ver la nueva película de Batman. "Ésta si es la última" era el slogan. Me estacioné al otro lado de la calle, pues no había otro lugar.
    Al bajar del auto noté que mis zapatos habían cambiado, ya no eran los mocasines que me regaló mi novia en mi cumpleaños, eran los tenis de mi hermano mayor. Tuve que ponermelos porque no encontré los mios. Había llegado en bicicleta con unos amigos a las afueras del pueblo. Ibamos a cortar "capulines".
    Trepamos cada quien a un arbol distinto para tomar los capulines. Estando arriba, noté que iba subiendo en un ascensor en un centro comercial, esos transparentes con los que puedes ver el resto del centro comercial.
    Iba con mi padre para comprar un nuevo videojuego con el dinero que conseguí conrtando el cesped de nuestros vecinos.
   Tal vez debí haber comprado el videojuego y no el pequeño aparato que tengo en el bolsillo. Se lo mostraré al señor que está a mi lado y le inventaré alguna buena historia al respecto.
    -¿Ve esto? - Le dije - viene del futuro.