jueves, 25 de agosto de 2011

¿A donde fui a parar?

Mi sudor parece esa cosa que escurre de las llantas de las naves espaciales. Fui a ver a un doctor para que me extirpara las anginas. ¿Qué sucede cuando esta transpiración cubre todo mi cuerpo? Le pregunté. Lo más probable es que experimentes el sueño de 8 bits, me respondió. Un sueño en el que nunca puedes pasar el primer nivel.
El doctor me dio las anginas en un frasco. Las decoré y las puse a cocer. Las preparé en un pie de queso y se lo regalé a mi esposa difunta. Ella lo comió y volvió a la vida.
Mi esposa, ahora con un nuevo corazón. Me contó que en vida había sido infiel. No puedo mentirles, eso me partió un riñón. Fui con el brujo para que me curara del mal de amor.
El brujo me recomendó que fuera presidente. Que gobernara con mano de hierro y acabara con las piedras.
Las piedras son un pedo muy cabrón, dije en mi discurso de aceptación a la presidencia mundial. Como imaginarás, me llovieron las prostitutas que querían desposarse conmigo. Entre ellas estaba mi ahora ex-esposa disfrazada de avión.
Seleccioné veinte de ellas para que complacieran todos mis deseos. A mi ex-esposa la usaba para viajes en al fondo del mar.
En el fondo del mar encontré un anillo que había pertenecido al primer rey de España. Se lo devolví y fuimos grandes amigos.
Como todos los amigos, nos peleamos y terminé asesinándolo con su propio anillo. Sólo coloqué el anillo al rededor de su cuello y presioné con fuerza hasta que la tapa se botó.
La tapa de sus sesos valía cerca de tres millones de pepinos marinos en el mercado café. La vendí y pude pagar un viaje al pasado.
En el pasado todo era diferente. La gente tenía hambre y moría. Tenían guerras y se mataban entre sí. Se sentían miserables y buscaban la aprobación de los demás. Mentían y robaban.
Que pasado tan mierda.

1 comentario:

Mike Isilrá dijo...

No puedo decir nada. Brillante!