lunes, 8 de abril de 2013

¿No me da un varo?

No suelo usar mi blog para llevar bitácora de lo que pasa en mi día como lo hacen los puristas bloggeros pero, ya que de camino a mi casa pasó algo relativamente raro, lo intentaré.
Hoy salí un tanto tarde del trabajo por la reposición de una clase que usualmente llevo en la mañana, lo que por alguna razón me hizo pensar en qué es lo que he hecho con mi vida; y que eventualmente me recordó que necesitaba comprar cosas en el walmart.
Saliendo del walmart con mi computadora en el hombro y bolsas en mano vi a un morrillo balanceándose en un tubo naranja de los que se usan para el cableado quien, una vez estando yo cerca, se detuvo para interceptarme.
"¿No me da una moneda?" me dijo el morro sin esforzarse para hacer contacto visual.
Después de pensármelo un segundo, decidí que era una buena oportunidad para ganar karma points por lo que bajé mis bolsas de mandado para poder buscar una moneda en mi pantalón.
Estando las bolsas en el piso, el morrillo pudo ver lo que había comprado a lo que reaccionó diciendo "no mames! dame un yogur" sin lo de 'no mames', claro.
Teniendo ya la moneda en la mano le pregunté "¿Quieres la moneda o el yogur?".
"Los dos." respondió el mocosillo sin pensarlo mucho.
Anonadado por lo fácil que me venció usando este meme, decidí darle ambos. Recogí mis cosas y seguí caminando.
En la esquina de la calle noté que el maldito semáforo peatonal estaba movido o por lo menos tapado de tal forma que no sabía ni sí era mi turno de pasar ni cuanto faltaba para que lo fuera. Como ninguna de las tres vías que convergían ahí estaba avanzando, decidí tomar mis chances y cruzar la calle.
No duré mucho pues una voz me detuvo "señor señor" volteé pensando que había olvidado o tirado algo y el morro buena onda me lo quería regresar "¿No me da un yogur a mi también?".
Apenas procesé las palabras de quien parecía ser el hermano mayor del morrillo número uno, cuando noté que los carros ya empezaban a avanzar detrás mio. Regresé pues a mi esquina como boxeador derrotado y dije "Nel, ya le di a tu hermano" sin lo del 'nel', claro.
El mocoso éste no parecía seguir mi línea de pensamiento y sólo me reclamaba con una mano extendida y un 'ándele'.
Por un momento pensé en dárselo pero creí que eso me podría llevar a un ciclo del que sería más difícil salir. "Ya le di a tu hermano, y también le di dinero. Ahí repártanselo." No estoy muy seguro pero creo que el primer morro escondió deliberadamente el dinero cuando decía esto. "No, ya" cerré mi caso dando la vuelta y tratando de regresar a mis asuntos.
Esperé pues a que avanzaran los carros a mi izquierda pues ellos tenían el paso al mismo tiempo que yo, según recordaba.
Subiendo la cuesta no menor a veinticinco grados que estaba entre mi casa y yo, me fui reprochando luego el haber sido tan avaro con mis yogurets a la vez que me imaginaba estando repartiendo mi despensa entre los n hermanos que irían saliendo detrás de tubos naranjas y arrepintiéndome por no haber sido más avaro.
La realidad es que no puedes acabar con el hambre regalando tus yogures a las personas en la calle, y también lo es el hecho de que esas personas necesitan más el yogur ese día de lo que puedan necesitar refórmas políticas en los siguientes seis años.
Seguí reflexionando hasta llegar a mi cuarto pensando que tendría una buena conclusión que compartir en mi blog pero tristemente creo que si fuera tan fácil conseguir una, nuestro país no estaría tan en el hoyo.

domingo, 7 de abril de 2013

El viejo José


José se incorporó en su cama sólo para dejar pasar los minutos antes de levantarse a preparar el café. El sol despuntaba en su ventana y sus anteojos lanzaban una larga sombra sobre el buró. Antes de salir de la habitación, José observó el calendario para cerciorarse de lo que ya sabía una noche antes: Se cumplían ya los diez años después de que la Muerte lo visitara.
José puso algo de tabaco en su vieja pipa mientras veía la olla del café hervir. Prendió su tabaco con una cerilla que luego arrojaría al piso de la cocina junto con el resto de la basura. Una vez listo, filtró algo de café en su taza sin lavar y revolvió con una cuchara a pesar de que no había puesto azúcar en él.
Tomó el sombrero café que solía usar los sábados y emprendió el camino al parque donde había acordado encontrarse con la Muerte.
Ya cerca del parque, José buscó la silueta de la Muerte; misma que encontraría sentada a la mesa en donde se vieran por vez primera.
— José — dijo la Muerte estando José lo suficientemente cerca para oírla — tienes una partida de ajedrez que terminar.
José vió en el tablero al rey negro amenazado por una torre, justo como había pasado en el juego de diez años atrás. Presumiblemente el resto de las piezas se encontraban en el mismo lugar que en el juego original.
— Pero... — José notó que la Muerte trataba de balancear un peón sobre otro con la mano izquierda — pero ya habíamos jugado — no se atrevió a recordarle que la Muerte se había rendido tras perder su dama.
— Estoy dispuesto a darte diez años más de vida — respondió la Muerte con algo que parecía exasperación en su voz — si aceptas reanudar nuestra partida y me vences.
“¿Más años?” Preguntó José para sus adentros “¿Realmente valía la pena seguir vagando por la tierra?” José no había hecho sino tomar café y fumar en los diez años que ganó la vez pasada; eso y ver morir a la poca gente que aún conocía. No puedes hacer mucho más que eso estando viejo y teniendo literalmente los días contados.
La Muerte soltó el peón que había logrado balancear sólo para verlo caer un segundo después; cosa que le hizo cerrar el puño con una furia impropia para un ente inmortal. Alzando la cabeza, la Muerte notó en la mirada perdida de José lo poco que la oferta en realidad le interesaba.
— ¿Juventud? ¿Dinero? — la Muerte examinaba la reacción de José a cada sílaba — ¿Isabel? — lotería.
La sorpresa inundó la cara de José como inunda a las de los incrédulos al ser engañados por un adivino de feria.
— Puedo mover personas desde ambos lados del río — la metáfora le causó un escalofrío a medida que se asentaba en su cabeza.
— ¿Y qué si pierdo?
— Si pierdes te espera una eternidad frente al tablero; perfeccionando el arte del ajedrez en un número infinito de partidas contra mí.
José se removió el sombrero y pasó una mano sobre su cabello como peinándolo para después tomar asiento. Tenía que ponerse cómodo sí quería retomar un juego de hace diez años. José apenas se había colocado los anteojos y soltado un poco su corbata cuando la Muerte decidió mover.
— Mi turno, si no mal recuerdo — comenzó la Muerte bloqueando la amenaza de la torre con uno de sus caballos.
A José le pareció un tanto extraño que usara un caballo cuando usar la torre habría resultado en un movimiento más agresivo; lo que, según recordaba, era más el estilo de la Muerte. Sin tomar en cuenta tampoco que la Muerte no había utilizado los caballos en absoluto, pues estos seguían en su posición inicial hasta hace un momento.
José movió su alfil blanco para volver a amenazar al rey. Jugada contestada casi instantáneamente con el bloqueo de la torre; movimiento que no habría sido posible si hubiese usado esa pieza en su turno anterior, pensó José.
Los dedos de la Muerte golpeteaban la mesa con lo que parecía la ansiedad de un adicto al cigarrillo. Y fue cuando la idea golpeó a José: La Muerte había usado estos diez años para trazar su juego ¿Cómo vencer a la Muerte cuando ésta te lleva diez años planeando sus movimientos? José habría deseado traer su pipa para calmar los nervios que le causaron la idea de ver la cara de la Muerte por la eternidad.
José sacó un pañuelo para remover el sudor frío que brotó de su frente.
— Aun no decidimos qué obtendré si no pierdo — José inquirió como esperando que la respuesta le diera algo de fuerza.
— No hace falta que lo discutamos. Yo sé qué quieres mejor que tú mismo. — no fue de mucha ayuda.
El siguiente movimiento en la mente de José era capturar la única torre de la Muerte con su alfil. Una torre por un alfil “Un buen trato” pensó. José colocó su mano sobre la pieza y notó como la Muerte detuvo el golpeteo de la mesa como preparándose a hacer su siguiente movimiento. “Eso ya lo tiene previsto” pensó José retirando de inmediato la mano “¿Y qué tal algo imprevisto?”.
José avanzó un peón dos espacios dejándolo a merced del alfil negro; después alzó la mirada lentamente para encontrarse con la de la Muerte; quien parecía reprocharle por no seguir el plan. “Un peón gratis” pensó José como intentando que la idea llegara a la mente de la Muerte. La Muerte capturó al peón.
José siguió ofreciendo e intercambiando piezas con la Muerte siempre ofreciéndole un buen trato; el último de estos siendo torre por torre. José sólo tenía el rey ahora.
La Muerte revisaba el tablero “Tres piezas contra una” parecía cantar para sí mismo. Hizo jaque a José quien respondió inmediatamente. Un jaque más y José volvía a escaparse. La Muerte vio a José como preguntando qué había pasado.
— No puede forzarse — José se atrevió a mencionar respondiendo a una pregunta inexistente — El mate. No puede forzarse.
Un par de jaques más y el rey de José regresó a donde había estado cuando capturó la última torre.
— Es imposible forzar el mate con un rey y dos caballos — elaboró José como impartiendo clase — es un empate.
— Bueno — empezó la Muerte levantándose de su lugar tras sopesar la situación unos segundos — ya que no ganaste...
— De hecho, no perdí. — aclaró José poniéndose de pie también — Y, aunque no lo discutimos, dijiste que sabías lo que quería.

José despertó por la molestia de un rayo de sol que había logrado atravesar las ramas del árbol bajo el que estaba. Ya era algo tarde así que decidió sacar los anzuelos y llevar los pescados a Isabel.
Aunque también había puesto anzuelos del otro lado, atravesar el río no le pareció algo tan urgente.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Venganza parte III


Las manecillas del reloj marcaban cinco minutos para las tres, mi espalda estaba fría y mis párpados cansados. En el piso de la cocina se arrastraba temblorosa la sombra del cedro del patio como sacudiéndose la llovizna de hacía unas horas.
Estiré los dedos para luego volver a aferrarlos a la escopeta, primero los de la mano derecha, luego los de la izquierda. Eché mi cabeza hacia atrás para estirar el cuello cuando lo oí: Un jarrón rompiéndose detrás de la puerta que daba al pasillo central. Era mi oportunidad de cambiar de esquina para tener un mejor ángulo de tiro. Ya podía descartar la puerta del patio delantero y la ventana que daba al trasero; no entraría por ahí.
Me arrastré penosamente al otro rincón de la cocina pues, aunque no sentía dolor por las múltiples incisiones en mi pierna derecha, el efecto de la anestesia, aún presente, me hizo tropezar cuando intenté levantarme del piso. Un rastro rojo marcaba mi recorrido, la sangre se había permeado en el nudo que detenía la hemorragia en mi pierna.
Escuché la duela del pasillo rechinar justo antes de ver el pomo de la puerta girar. Fue entonces que disparé. El pomo se detuvo pero no escuché el cuerpo caer; en vez de eso, el lento martilleo de lo que parecía ser un revólver. Volví a disparar, esta vez a la parte inferior de la puerta.
¡Aaagh! ¡Maldita, maldita sea! — se oyó al otro lado de la puerta.
Tres disparos atravesaron la puerta regando astillas de caoba por el piso. Los dos primeros alcanzando la puerta detrás mío y el tercero aterrizando en mi pierna anestesiada. Casi pareció una victoria. Varios chasquidos vacíos siguieron a las tres detonaciones mencionadas. Se había acabado sus municiones.
—¡Maldita sea!
Disparé una tercera vez con la esperanza de alcanzarlo pero, una vez disipado el ruido de mi escopeta, los pasos se oían ya lejanos. Seguramente iría por más municiones. Si podía seguir caminando significaba que mi segundo disparo no le causó mucho daño.
I’m the best... around! − Lo oí cantar antes de salir de la cocina por la puerta que daba al patio delantero.
Hora de alcanzar mi auto.



lunes, 19 de noviembre de 2012

Las reglas


Lo que nunca he logrado concretar es “Qué soy”. Me veo en el espejo y en realidad no me reconozco ¿Qué significa esa imagen frente a mi? Es el retrato de un desconocido igualmente desconcertado viéndome a través de una ventana.
Eso que eres no es más que un cúmulo de ideas que crees tienen sentido (El concepto de “sentido” está también incluido). Así es, puedes explicar todos los conceptos usando conceptos más simples y estos, a su vez, con otros; pero llegará la hora en la que encuentres el concepto indivisible, ese que simplemente tienes que validar como existente para continuar con tu vida como vendedor de seguros (¿Cerca?), ese concepto que se sustenta en sí mismo.
Todo cuanto existe en realidad no existiría si no hubieras nacido. Piénsalo. Crees que este universo al que fuiste arrojado siempre ha estado ahí, pero no (O, por lo menos, no es seguro). ¿Qué había antes de que nacieras? ¿Donde estabas un día antes de ser concebido? ¿Siempre has estado aquí? ¿Quieres decir “desde el principio del universo”?
¿Has intentado  no aceptar nada? Quiero decir “¿Por qué trabajar? ¿Por qué ejercitarte? ¿Por qué tener familia?” Son sólo reglas; reglas de un juego que tienes que aceptar porque sí, porque no hay nadie que pueda explicarlo más allá, dividirlo en cosas más pequeñas. Esas necesidades básicas, te lo digo, fueron creadas por un ente malvado que quería que jugáramos su juego; es la garantía de que jugaremos.
Eres un hombre de las cavernas. Sientes ese dolor en el estómago(¿Entiendes siquiera el concepto de dolor?) y de alguna forma sabes que tienes que meterte algo en la boca y masticar. Son las reglas.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Apple demanda a Dios por usar su manzana.

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    EUA.- Tras la victoria contra Samsung, Apple lanza una nueva demanda contra el magnate dueño del monopolio de iglesias en nuestro país: Dios.

    Abogados de el ya no tan famoso ex-CEO de Apple, Steve Jobs, alegan tener pruebas que, aseguran, demuestran que Dios se basó en el logo de Apple para crear la fruta que eventualmente usaría para desterrar a la raza humana del jardín del Edén. "Estas pruebas" aseguran los abogados "fueron entregadas a nosotros por el mismo Steve Jobs quien se había infiltrado meses antes en los cuarteles generales de Dios al ser contratado por éste para rediseñar las nubes".

    Aseguran expertos en la materia que, de proceder la demanda, Apple podría reabrir indefinidos casos por patentes como el rectángulo (Usado por su producto estrella: El IPhone), los dedos y el sonido entre otros conceptos.

    La eventual derrota de Dios asentaría un presedente para miles de demandas por parte de otros cuerpos civiles que ya han dejado entrever intenciones de demandar al creador del universo como lo fueran: Los Chicago Bulls, el padre Amaro y el nieto del santo entre otros.

    Tim Cook, actual CEO de Apple, dejó implícito en un comunicado el día de ayer (30 de Agosto del 2012) que, de ganar la demanda, Apple podría reclamar las tierras conocidas como "Lomas del Edén" (actualmente propiedad de Jesús de Nazaret) pues éstas pertenecen al verdadero dueño de la manzana usada en el caso "Dios contra Adán y Eva".

lunes, 3 de septiembre de 2012

Recuerda

    Despiertas. Estás en el cuerpo de alguien más. Tienes un teléfono móvil en la mano en el que parece que acabas de apretar 'colgar'. "¿Quién me llamó?", "¿A quién llamé?" Son preguntas que te haces. Revisas el registro de llamadas y guardas el número como 'asd', que creativo. Según el registro, fuiste tú el que recibió la llamada.
    Es un agradable parque en el que te encuentras, pero no reconoces el lugar. Una hermosa mujer se acerca a ti con dos vasos desechables. Supones que es soda. La cara de la mujer te parece familiar pero ciertamente no la conoces. Te da uno de sus vasos y se sienta a lado tuyo. "Buena compañía, bebida gratis", no vas a quejarte ¿cierto?. Ella te sonríe y sorbe un poco de su bebida. Haces lo mismo, quizá por imitación. "Naranja", tu favorito, ¿cierto? Se acerca a ti para que pases un brazo sobre su espalda. Abrázala mientras puedas, antes de que averigüe que no eres quien ella cree. Anda, bebe un poco más de soda.
    "¿Recuerdas cuando nos conocimos?" Te pregunta.
    "Como si hubiera sido ayer" Fue hace un minuto. Eso no demuestra precisamente que tengas una buena memoria.
    "Este mismo parque, esta misma banca." Así es, así sucedió... hace un minuto "Leías un periódico y yo un libro.".
    Bebes más soda, así no esperará que digas algo.
    Ella continúa "Imagina que te hubieras sentado en otro lugar, que hubieras caminado hacia otro lado".
    "Jamás nos habríamos conocido." ¡Hey! ¿Participación activa en esta conversación? ¡Bien por ti!. Te has ganado... ¡más soda!.
    Ella sigue viendo hacia el infinito. Revisas tu mano izquierda ¡Bien! No estás casado, así hay menos cosas que tienes que fingir saber.
    "¿No te parece horrible?" Te pregunta.
    "¿El qué?".
    "Que la vida sea así. Que puedas perderte cosas tan importantes por decisiones tan minúsculas como sentarte en otra banca".
    ¡Sorprendente! Ese mismo tema ha ocupado tu mente por años "los universos creados por tus decisiones". ¿Cómo pudo ella saberlo? No, no lo sabe; fue una  coincidencia. Sientes como los recuerdos empiezan a inundar tu cabeza como si se cayera el corcho que obstruía tus memorias.
    Y de pronto lo recuerdas todo.
    Suena tu teléfono. Asd te llama.
    Te levantas de la banca. 'Perdón mujer desconocida, alguien me habla' Anda, dícelo.
    El viejo Asd, tratando de recuperar la vida que le acabas de quitar. ¿Cree que contestarás? Tal vez aun ni se ha dado cuenta que lo has enviado a otro universo, a 'tu universo'. Espera, ahora éste es 'tu universo'. Un universo en el que decidiste sentarte en otra banca, en el que no descubriste por accidente como transportar tu conciencia a otros universos con tu teléfono.
    Apagas el teléfono. Hasta la próxima vez que tengas que saltar a otro universo.

jueves, 2 de agosto de 2012

Los fantasmas del pasado

    Es como a estas horas de la noche que la inspiración me asalta, o al menos eso es lo que creo hasta que tomo mi computadora y las ideas vuelven a disolverse en el viento.
    De pronto, a mi al rededor, empiezan a surgir las siluetas de esos fantasmas que pensé haber dejado en el pasado. Uno tras otro se vuelven cada vez más definidos con formas y colores que me son extrañamente familiares.
    Con toda la experiencia que he ganado a través de los años, me siento capaz de enfrentarlos; quizá hasta de eliminar alguno de ellos de una vez por todas.
    Fallo.
    En mi intento de hacer el primer movimiento contra el más pequeño de ellos, me veo envuelto en los gritos del resto. Había olvidado que todos ellos están relacionados. El más pequeño de mis errores está de alguna forma conectado al más grande. Si atacas a uno, atacas a todos.
    Sus gritos, tan fuertes y erráticos, suenan de alguna forma tan claros que me parecen susurrados al oído; creo que la cerveza me ha dado la habilidad de entenderlos a pesar de la música de mi amigo internet.
    En unos cuantos parpadeos me veo de nuevo a mi mismo como el mocoso que alguna vez fui: Lleno de miedos infundados y de metas que creí nunca alcanzaría, acosado por el miedo al futuro y el deseo de siempre ir hacia atrás.
    Soy un mocoso. Un mocoso con la edad y el dinero para comprar cerveza.
    De alguna forma, los fantasmas retroceden. ¿Enfrentarlos? ¿Quién dijo esa mamada?**yao ming face** ¡Déjenlos regresar a sus cajones! Mientras me vuelvo a subir los calzones que se han caído de la vergüenza y me limpio los mocos que salieron inútilmente a defenderme.
    Fue la cerveza; sí, ella me salvó de los fantasmas, aunque no olvido que fue ella quién los llamó en primer lugar.
    Parece que es éste su nuevo modus operandi: chingar cuando el sueño está ausente y tirarme al suelo para que yo mismo me retuerza; ellos ya no hacen nada; sólo observan. Observan mientras se retiran de nuevo a sus cajones.
    Temo que si quiero trazar alguna estrategia contra ellos, salgan de nuevo a tirarme al suelo. Mejor será poner un candado a sus cajones e irme a dormir.Eso haré.
    Quizá sólo soy un tipo depresivo compulsivo que busca analogías para disfrazar sus miedos y arrepentimientos. ¿Existe el término "depresivo compulsivo"? Lo buscaré en google.